La autorización que muchos padres firman dice, en una sola línea, «autorizo a mi hijo a viajar». Le faltan tres datos — y por eso falla.
Tres datos, y no son opcionales
Cuando un menor con residencia en Colombia sale del país con uno solo de sus padres —o con una persona distinta de sus representantes legales—, el que no viaja tiene que haber dado el permiso.
La ley dice exactamente qué debe contener ese papel: el lugar de destino, el propósito del viaje y la fecha de salida y de ingreso de nuevo al país. Lo ordena el artículo 110 de la Ley 1098 de 2006, en el texto que le dio la Ley 1878 de 2018.
Y dice ante quién se autentica: notario o autoridad consular. Una oficina de Migración orienta, pero no autentica.
Hay casos en que no se necesita permiso de nadie. Si el menor viaja con sus dos padres, o si lo hace con el padre o la madre que sobrevive y se acredita el registro de defunción del otro. En todos los casos conviene llevar su registro civil de nacimiento, que es lo que acredita el parentesco. Y cuando un juez privó o suspendió la patria potestad de uno de los padres, su autorización ya no se pide.
Si el otro se niega, decide un juez
Aquí está lo que casi nadie sabe hasta que lo necesita. Cuando no hay acuerdo entre los padres, el permiso no lo da el aeropuerto ni una ventanilla: lo decide un juez de familia, mediante demanda y con abogado.
El Defensor de Familia del ICBF atiende un supuesto distinto: cuando el menor carece de representante legal, se desconoce su paradero, o quien debe autorizar no está en condiciones de hacerlo.
La consecuencia es de calendario. Un desacuerdo se resuelve en los tiempos de un juzgado, no en la víspera del vuelo.
Un apunte para quien vive afuera: los menores con residencia habitual en el exterior de un año o más que salen con el progenitor que tiene la custodia, para volver allá, no requieren esa autorización — pero deben acreditar ante el consulado su residencia y esa custodia.
Dos historias, el mismo error
Ana autenticó su autorización, pero solo escribió «viaje a Estados Unidos»: sin propósito y sin fecha de regreso. Y la academia deportiva que lleva cinco menores a un torneo descubre, tres días antes, que dos de los permisos los firmó quien no tenía por qué firmarlos.
Ninguno de los dos falló por descuido. Fallaron porque nadie revisó, con tiempo, qué tenía que decir cada papel y quién debía firmarlo.
¿Su acuerdo de custodia dice algo sobre viajes al exterior? La mayoría no dice nada, y ese silencio es justo donde empieza el problema. Conocer con claridad y a tiempo de qué se trata su situación es lo que cambia el resultado: es lo que un buen diagnóstico saca a la luz mientras todavía hay margen para arreglarlo.
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