Equivocarse en la declaración no es lo grave. Lo grave es dejar el error quieto: cada semana de silencio encarece la misma cifra, y el que descubre primero —usted o la DIAN— define cuánto.

La temporada arranca esta semana, y con ella los errores de temporada: el ingreso que la exógena sí muestra, el certificado que llegó después, la cuenta duplicada. Para eso existe un derecho que casi nadie usa a tiempo: corregir.

Tres años en contra, uno a favor

Si el error jugó contra el Estado —le dio menos impuesto del que era—, usted puede corregir dentro de los 3 años siguientes al vencimiento del plazo para declarar, siempre que la DIAN no le haya notificado requerimiento especial o pliego de cargos (artículo 588 del Estatuto Tributario, con el texto de la Ley 2010 de 2019).

Si el error jugó contra usted —declaró impuesto de más o un saldo a favor menor—, el plazo es otro: 1 año, contado desde el vencimiento del plazo para declarar (artículo 589). Es plata suya esperando a que usted mueva primero.

Corregir temprano cuesta menos

La corrección que aumenta el impuesto trae sanción, pero mírela bien: es el 10% del mayor valor —no de todo el impuesto— si usted se adelanta al emplazamiento para corregir o al auto de inspección; después de esos avisos, sube al 20% (artículo 644). Los intereses corren aparte sobre la diferencia.

Y hay correcciones sin sanción: la que disminuye el valor a pagar (artículo 644, parágrafo 4) y la que no cambia la cifra (artículo 588). La primera trae su letra menuda: la DIAN gana un nuevo plazo de revisión, contado desde la corrección. Aun así, el derecho a corregir premia al que llega primero.

Ana declara el 12 y a los días descubre una cuenta omitida que la exógena sí registra: corregir ya le vale 10% del mayor valor; esperar el emplazamiento la dobla — y en diferencias pequeñas rige de todos modos el piso legal de 10 UVT. David corrigió al revés: un anticipo contado dos veces — y su año corre desde el vencimiento del plazo, no desde el día en que declaró.

¿Su declaración quedó como debía, o quedó como alcanzó? Detrás de casi toda corrección hay un desorden más viejo: soportes sueltos, pasivos sin papel de fecha cierta, patrimonio contado a ojo. Ordenar eso —con su contador como aliado— es trabajo de diagnóstico, y rinde más antes del error que después.

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