Sacar el tema de las capitulaciones suena a desconfianza, a "planear el divorcio antes de la boda". Es justo lo contrario: es poner por escrito, en frío y de común acuerdo, algo que después —en caliente— se convierte en una guerra.

Qué son y por qué el "antes" lo es todo

Las capitulaciones son un acuerdo que la pareja firma antes de casarse para definir qué bienes entran o no al patrimonio común y cómo se manejan (Código Civil, art. 1771). Se otorgan por escritura pública ante notario (art. 1772).

El detalle que casi nadie conoce: una vez celebrado el matrimonio, ya no se pueden cambiar (Código Civil, art. 1778). Por eso el "antes" no es un tecnicismo. Es la única ventana que abre la ley.

No son solo para matrimonios ni para ricos

Aquí está lo que sorprende. La pareja en unión libre también puede ordenar su patrimonio: la Corte Suprema de Justicia (sentencia SC2222 de 2020) admitió que los compañeros permanentes pacten capitulaciones para evitar que nazca la sociedad patrimonial que la ley presume a los dos años de convivencia. También se hacen por escritura pública.

Y no son un lujo de grandes fortunas. Sirven para proteger el apartamento que costó una vida, el negocio que ya venía funcionando, o la herencia que un hijo debe recibir intacta.

Un caso de persona y uno de negocio

Una persona: Elena llega a la unión con un apartamento heredado. Unas capitulaciones dejan por escrito que ese bien es solo suyo y no se mezcla con el patrimonio común. Un negocio: Roberto tiene una empresa en marcha antes de casarse. Sin capitulaciones, el crecimiento del negocio durante el matrimonio puede convertirse en un bien a repartir si la relación termina.

Cómo saber si le conviene

Capitular no es planear el fracaso: es decidir con la cabeza fría lo que, más tarde, decidiría un juez. Y quien más lo necesita suele ser quien menos lo sabe: el que trae a la relación un bien propio, un negocio o una herencia. ¿Lleva usted algo que quiera mantener claramente separado?

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